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El dios de los paganos / El tiempo de los otros

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Gonzalo Geller


Dos nouvelles

En el año 1969, en Hyde Park, los Rolling Stones se presentaron ante una multitud de jóvenes. Un exintegrante de la banda, Brian Jones, había muerto recientemente en circunstancias traumáticas y Mick Jagger subió al escenario con un libro azul en las manos. Antes de empezar a cantar, lo abrió y leyó un poema. El poema era “Adonaïs”, texto que Percy Shelly escribió tras la muerte de su joven amigo, el poeta John Keats, en 1821. Una traducción posible para un fragmento de los primeros versos es la siguiente: “No murió, despertó del sueño de la vida”. Experimenté una sensación similar cuando leí por primera vez estas dos nouvelles de Gonzalo Geller en 2017. La literatura tiene la facultad de suspender la existencia.

La primera, El dios de los paganos, es una historia de pistoleros. Más precisamente, de cazarecompensas, de forajidos. Podemos imaginar un clima árido y a personajes sudorosos. Nuestro héroe, de quien no sabemos el nombre, llega a un pueblo arrasado y sus habitantes lo toman por un dios.

La segunda, El tiempo de los otros, puede, según el bagaje de lecturas de quien se aproxime al texto, inscribirse tanto en la tradición del cuento de fantasmas como en la de las historias de vampiros o, incluso, en el linaje de las novelas de señoritas. La protagonista es una chica que, por intermedio de una amiga, descubre un mundo nuevo.

Podrían haberse publicado por separado, pero se publican juntas, como dos caras de una misma moneda. ¿Por qué? ¿Qué tienen en común? Más allá de haber sido escritas en el mismo año (2013), de tener una extensión similar y de estar ambas organizadas en capítulos, hay en ellas significativos puntos de contacto en su estética y en su contenido.

Por lo pronto, ambas nouvelles transcurren en un tiempo difuso. No se nos indican fechas o acontecimientos reconocibles. El tiempo de la primera tiene rasgos de un pasado remoto, que es lo mismo que decir que tiene indicios de un futuro decadente. El tiempo de la segunda puede ser un pasado victoriano, aunque el hechizo se rompe cuando aparece algún vocablo o algún artefacto cercano a nuestros días.

Otra característica que las asemeja es su carácter de “autoportantes”. Es decir, las historias no necesitan valerse de referencias externas para desarrollar sus mundos. Ni explícitas ni implícitas. No hay citas eruditas ni datos de la cultura pop. Pero tampoco son espejo de obras clásicas revisitadas. Ambos relatos construyen su propio mundo y las herramientas para la construcción de ese mundo.

Una tercera y última comparación, ya que dos parecen pocas y cuatro serían un abuso a la paciencia de los lectores. Una de las principales preguntas que tratan de responder los protagonistas de los dos textos es la de la propia existencia. ¿Quién soy yo de ahora en adelante? ¿Puedo aceptar ser otro? ¿Qué tan determinante es el peso del pasado? Un pistolero, un cazarecompensas. Una chica de familia, una estudiante.

Las dos novelas logran trasladar esas inquietudes del texto al lector y ofrecerle la oportunidad de despertar del sueño de la vida.

Juanjo Conti, marzo 2021