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La ambición lo es todo en verano

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En este poemario hay ecos. El verano es omnipresente, pero también el deseo en sus múltiples aristas: el encuentro con el otro, la falta, la nostalgia, el presente, las imágenes que nos sorprenden en cualquier situación pero que solo vemos cuando las buscamos.

Además está la música. El libro tiene una banda sonora de pocas pero contundentes canciones, como ese playlist que armaste para un viaje y ahora escuchás cada vez que tenés un tiempo muerto. Canciones que se quedaron pegadas a lo que hacías, con quiénes compartiste tiempo al escucharlas, cuánto de nosotros se proyecta del pasado al presente y queda ahí: “Estamos donde otros han estado, como otros estarán después de nosotros: esperando el momento."

Pienso que el verano, como la ambición, tiene un punto álgido y después se termina de a poco. ¿Cuándo sabemos cuál es ese momento? Es una decisión personal, algo que cada quien marca y nos recuerda que la compañía es algo transitorio, o que estar con uno mismo simplemente tiene mala prensa “las revoluciones comienzan en soledad” En esa sintonía, otro poema afirma “me gustás, pero la vida sigue”. Esa vida no se detiene frente a las emociones, ambas siguen juntas porque hay un entendimiento que trasciende la solemnidad de los grandes acontecimientos. Así, los poemas amalgaman un universo que establece sus prioridades: mirar las estrellas en un apagón, una pintada en una pared, cómo se dicen los pájaros cuánto se extrañan.

El resto, lo que podría nombrar como lo conocido está en los poemas de una forma controlada: hay una potencia en nombrar Villa Adelina con la certeza de quien la caminó un montón de años, sabe de sus sabores y de sus palabras escritas como suenan. Sin embargo, este libro no se reduce a un cúmulo de imágenes y color local: hay un poeta que sabe dónde enfocar, aunque le pinte el desenfreno. Hay un balanceo que me impide elegir un poema solo, porque el imaginario que los atraviesa a todos es la voz del que los escribe. O mejor: es el destello que cruza los ojos de Gonzalo cuando se queda pensando en algo que lo emociona.

Paula Yódice