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Pages tagged Tropismos

Ines Roldán

Inés Roldán nació en Junio de 1993 en Tostado, Santa Fe. Actualmente reside en Rafaela, Santa Fe donde produce obra y es estudiante del Profesorado de Artes Visuales (ISPN° 2 “Joaquín V. González”) también forma parte del club de lectura Rafaelandia de la Biblioteca Estrada. Participó del Taller de Dibujo y Pintura dictado por Liliana Giraudo y del taller literario de escritura en el Liceo de la ciudad.

Su primera muestra fue “Rosa Bebé” (2019) donde compartió sus collages junto al arte de artistas locales en Jauss. Además, dictó el Taller de Collage Manual en La Pieza Artes Escénicas. Desde 2019 a la fecha participa con obras realizadas en collage e ilustraciones de técnica mixta en “Otra Feria - Mercado de Arte y Diseño” de La Máscara Centro Cultural.

Actualmente forma parte como artista invitada del proyecto “40 Serigrafias” línea de creación y producción de los artistas Juan Pruvost y Sofía Rossa quienes conforman “SeriClub” en Rafaela.

Fue seleccionada, junto a Luisina Valenti, en el concurso AJA! (Artistas Jóvenes Activos - convocatoria 2019-2020) del Museo Mu-nicipal de Arte Dr. Urbano Poggi de la ciudad de Rafaela, con el proyecto: “Revelar las pupilas: El libro sin nombre”.

Le interesa la plasticidad y las múltiples formas de intervenir el papel, el arte colectivo, la poesía (visual) la voz en off y la palabra escrita.

María Victoria Rittiner Basaez

Nació en el año 1992 y creció en Esperanza, Santa Fe. Actualmente reside en Santa Fe capital, donde trabaja y estudia Letras.

Publicó en revistas y fanzines de Santa Fe, Paraná y Córdoba, entre ellos en el primer número del fanzine Enramada de Corteza Ediciones (Santa Fe) junto con ilustraciones de la artista Celeste Catalano.

En el año 2018 formó parte de la residencia del Festival Internacional de Poesía de Rosario junto con 20 poetas de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. En 2019 participó de la antología de poetas jóvenes de la Carretilla Roja con una selección de poemas titulada “El amor es una pileta que se arma todos los veranos”.

Forma parte de Traza, colectivo de escritorxs feministas de Santa Fe. Además de escribir poesía, forma parte de Anajunno, banda de dreampop y shoegaze donde toca sintetizadores, canta y compone.

Le interesa la exploración sonora y visual y la investigación en el área de la semiótica audiovisual.

Tropismos

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El poemario Tropismos de Victoria Rittiner Basaez se abre con una definición del mundo de la biología: “Tropismo: fenómeno biológico que designa la tendencia de un organismo a reaccionar de una manera definida a los estímulos exteriores”. De esta manera, ya desde el título y a través del sistema de paratextos, el libro propone el cruce de dos discursos: uno que admite definiciones y otro que las distorsiona y las reinventa. Lejos de transformar en certeza lo que es múltiple, el libro se instala en el conflicto: en lo que se mueve, como una planta, según las leyes de la sensibilidad. Pero esas leyes no pueden sujetarse a una razón científica, también se mueven, y desplazan al lenguaje hacia la zona inestable de los tropos poéticos.

El primer poema anuncia un tropismo negativo (-) y simula orientar- nos en la lectura: la palabra sobre la que se insiste es no: “No quiero caminar con vos/por la peatonal”. Pero este lugar seguro, donde el signo negativo es alejamiento, distancia o diferencia, es sólo la base para las próximas conmociones: ¿qué pasa cuando en un tropismo aparentemente positivo (+) aparece una imagen como: “lo que puedo entender/se asemeja a la inminencia/de una inundación”? Una fuerza externa arrasa la calma de lo que se quiere cerca, y la proximidad se vuelve también un peligro: “las cosas lindas/te pegan una piña/donde más te duele”.

El libro es, por otra parte, una indagación en el universo de los sentidos, a la vez inmenso y frágil: los tropismos dependen de estímulos sensoriales, la presencia de la luz o de un sonido, del contacto con el agua o la tierra. En paralelo, entonces, afloran las canciones, los restos de conversaciones interrumpidas, el mundo sensorial cotidiano: el espejo del baño, un patio, unos platos, unos lentes. La realidad está siendo percibida en sus formas más minúsculas, y cada movimiento imperceptible puede ser vital. Al igual que una planta que no termina de someterse al cuidado, la estabilidad de los afectos se puede desmoronar en cualquier momento, por su propia intensidad: “hacer simbiosis/en tu cuerpo/y despedazarme el cráneo”. La vida de los sentimientos permanece en la tensión entre el deseo, la amenaza y la resistencia. ¿Resistir o no resistir? Parece ser la misma pregunta rebelde que se hacen las plantas al ver que se pretende cuidarlas: “Será que la vitalidad no es un proyecto”, conjetura el verso final del poema “Senescencia (+)”.

Esa entrega afectiva, pretendida y evitada, es un abrazo imposible, que puede formularse nada más en silencio, para poder volver a reformularse una y otra vez. Una forma de entregarse sin dejar nunca de estar buscando, que hace al cuerpo salirse de sí mismo, y el mínimo impacto de la luz sobre los ojos cerrados puede ser a la vez un movimiento brusco y un magnetismo.

Camila Urresti